[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

Edward Irving (1792-1834), un amigo temprano de Thomas Carlyle, que escribió un artículo (texto completo en Inglés) sobre él para la Revista Fraser tras su muerte, comenzó como un ministro carismático presbiteriano que se desplazó de Escocia hasta Londres para convertirse allí en un predicador enormemente popular y que perdió su reputación, y finalmente fue excomulgado, después de que él y sus seguidores abrazaran el don de lenguas y una obsesión por un rápido y cercano apocalipsis. Según Fred Kaplan, el biógrafo reciente de Carlyle, el «extravertido y entusiasta Irving tenía una capacidad extraordinaria para la dramatización que revelaba en su predicación, en su trabajo misionero con los pobres de Glasgow y en su retórica elevada sobre su propio destino cristiano y el de su nación» (77). En 1822, la Capilla caledonia en Londres le nombró ministro y sus sermones fervientes atrajeron una gran atención. Pronto se convirtió en una figura controvertida y «aunque era maravilloso para sus admiradores, Irving creó la imagen de Walter Scott como un diablo disfrazado de ángel de la luz» (147).

Su firme convicción de que él y sus seguidores tenían grandes poderes proféticos, sin duda uno de los principales objetivos de Carlyle en «Signos de la época» («Signs of the Times» texto completo en Inglés) hizo que su popularidad se tornara en notoriedad y que finalmente resultara en su excomunión:

Poco después de la inauguración de la nueva iglesia de Irving en la Plaza Regent en 1827, su gran popularidad comenzó a declinar. Se piensa que este hecho, que fue un serio golpe para su autoestima, sólo confirmaba su creencia en que el mundo no iba a mejorar y que esto le hizo inclinarse hacia el supernaturalismo. La llegada del Mesías de Aben Ezra y todo lo que es místico en Coleridge alimentaron conjuntamente y corroboraron sus creencias largamente defendidas en la profecía así como la cercanía inminente de la segunda venida. Su vinculación con Henry Drummond (1786-1860), político y cofundador de la Iglesia irvinita, reforzaron sus convicciones. Irving fue en consecuencia llevado hacia un estudio pormenorizado de los libros proféticos, especialmente el Apocalipsis y a dar sermones sobre ellos. En 1830, había experimentado lo que irrefutablemente sabía que era la confirmación de sus propios dones apostólicos de profecía y curación. Su excomunión por parte de los presbíteros londinenses ese mismo añ o por publicar sus opiniones concernientes a la humanidad de Cristo y la subsiguiente condenación de esas opiniones por la Asamblea general de la Iglesia de Escocia vigorizaron más su fe en sus propios poderes y le condujeron a profundizar en su rechazo hacia todo lo establecido. Posteriormente, dividió a la mayor parte de su congregación debido a las irregularidades relativas a la revelación de sus dones e inició una queja de sus representantes ante los presbíteros londinenses quienes le declararon inapropiado para permanecer como ministro de la Iglesia de la Plaza Regent. [Cartas, 289].

Carlyle, que anteriormente se había molestado por el cambio en su amigo, se horrorizó cuando asistió a uno de sus oficios, escribiendo a su madre «que repentinamente, durante una celebración regular y con el ánimo de Irving, mujeres histéricas y entusiastas locos, comenzaron a pronunciar algo confuso, fundamentalmente «Ohs» y «Ahs» así como interjecciones absurdas sobre el cuerpo de Jesús. También fingían hacer milagros y haber levantado a más de una mujer débil encamada y de haber curado a gente de los nervios o como ellos mismos decían, de «sacarles los demonios». Carlyle añ adía que el «pobre Irving se jactaba de que esto había convertido a su Iglesia en una bendición peculiar del cielo» (Kaplan, 173). En 1832, los seguidores que aún le quedaban de su anterior congregación crearon la Iglesia sagrada católica y apostólica o la Iglesia irvinita en la calle Newman y al añ o siguiente la Iglesia de Escocia le excomulgó.

La Iglesia irvinita continuó tras su muerte y según La Gaceta de Escocia (The Gazatteer for Scotland), en 1944 se atribuyó tener cerca de ocho millones de miembros por todo el mundo.

Referencias

«Henry Drummond». LoveToKnow 1911 Online Encyclopedia. 2003, 2004

Kaplan, Fred. Thomas Carlyle: A Biography. Ithaca: Cornell UP, 1983

The Letters of Thomas Carlyle to His Brother Alexander with Related Family Letters. Ed. Edwin W. Marrs, Jr. Cambridge: Harvard UP, 1968.


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Modificado por última vez el 5 de octubre de 2005.
Gracias a John Stanley Martin de Australia por corregir un error ortográfico enorme;
traducido 2 de noviembre de 2010