[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

Durante el siglo XIX, las disciplinas a las que nos referimos como “ciencia“ y “religión“ experimentaron cambios dramáticos. En consecuencia, sería ingenuo esperar encontrar una relación simple e inalterable entre las dos. La relación ha variado a lo largo del tiempo y de la geografía, y de un individuo a otro. Además del interés histórico de los debates decimonónicos entre la ciencia y la religión, esto tiene un significado historiográfico enorme. El modo en el que la ciencia y la religión han sido percibidos durante el siglo XX ha estado fuertemente influenciado por los escritos de los historiadores de la ciencia y de la religión de finales del siglo XIX, más allá de cuya influencia nos hemos empezado a desligar sólo recientemente.

A comienzos del siglo XIX en Gran Bretaña, se consideraba generalmente que la fe religiosa y las ciencias vivían en una feliz armonía. Se asumía que el estudio de la Palabra de Dios mediante la Biblia, y de Sus Obras mediante la naturaleza eran facetas gemelas de la misma verdad. En Teología natural (Natural Theology (texto), 1802) de William Paley se hizo manifiesta una versión de esta creencia que repetía el argumento de que los objetos naturales muestran evidencias de predestinación, apuntando así a la existencia de un Dios artífice. El trabajo de Paley tuvo una influencia enorme debido al énfasis concedido a la naturaleza como creación divina, aunque, hacia 1830, pocos Cristianos vieron la necesidad de probar la existencia de Dios, prefiriendo aceptarlo como un acto de fe. Los Tratados Bridgewater (Bridgewater Treatises, 1833-36) enseñaron cómo se podía reconfigurar la teología natural de modos varios para afrontar nuevos descubrimientos. Las cifras de ventas mostraron también la presencia de un mercado sustancioso para las obras científicas sin carácter técnico.

Esta armonía entre la ciencia y la fe, mediada por alguna forma de teología de la naturaleza, continuó siendo la postura principal de la mayoría de los hombres de ciencias y de individuos interesados, hasta toda la década de 1860, por lo menos. Pero se vio amenazada. En la década de 1820 y 1830, algunos radicales de la clase trabajadora vieron la oportunidad de usar ciertas versiones de las ciencias con fines políticos. Algunas formas de las ciencias, especialmente aquéllas que emanaban de Francia, parecían sugerir el papel restringido (o incluso inexistente) de Dios en el universo, socavando así el orden político-religioso Anglicano. Tales expresiones materialistas de la ciencia fueron tan aborrecidas por la mayor parte de los científicos respetables como tan secundadas por los radicales de la clase trabajadora.

Sin embargo, las amenazas no sólo procedieron de Francia. Los científicos británicos, particularmente los geólogos (geologists), estaban también haciendo descubrimientos que amenazaban el significado literal del Génesis (Genesis [texto]). El efecto de estos descubrimientos sobre la fe, no obstante, a menudo se exageró. Los geólogos clericales eran muy capaces de encontrar medios de reinterpretar el Génesis a la luz de sus descubrimientos, sin dañar su fe. Incluso la mayoría de los Evangélicos, hacia la década de 1840, estaban dispuestos a aceptar las interpretaciones no literales del Génesis que podían encajar con los hallazgos más recientemente aceptados en geología o astronomía. Los pocos que reforzaron sus amenazas a la fe con estos descubrimientos fueron normalmente los radicales de la clase trabajadora, mientras que los Evangélicos que promovieron la Geología Escriptural para retener una lectura literal del Génesis fueron igualmente una minoría ruidosa. La reacción a El origen de las especies (Origin of the Species, 1859) de Darwin se interpretó del modo siguiente: mientras cierta gente causaba problemas con su radicalismo, otros eran capaces de enmarcarlo en su visión religiosa del mundo. Dependía tanto de las creencias presentes en el lector y en el orden del día como de cualquier cosa intrínseca a la propia obra.

A mediados de siglo, surgieron progresivamente dos arenas diferentes en las que se esperaba que la ciencia y la religión interactuaran: una fue el coto de los científicos expertos; la otra, fue la sociedad en su totalidad, cuyos miembros se beneficiaron de los números cada vez mayores de publicaciones de ciencia popular que aparecían en el mercado. Estas dos arenas se solaparon, pero merece la pena estimarlas independientemente.

En la arena de los expertos, profesionales futuros como Thomas H. Huxley y John Tyndall estaban empezando a distinguirse. Aunque ninguno de estos hombres se oponía a la fe per se, ambos eran contrarios al autoritarismo de la religión cristiana organizada. Los dos objetaron ante la implicación de los clérigos en las ciencias, y arguyeron que la ciencia debería ser ejercida por expertos especialistas—los clérigos debían centrarse en ser expertos en sus propios y separados campos de la teología y del cuidado pastoral. La retórica de este grupo de profesionales y su creciente prominencia dentro de las ciencias significó que hacia las décadas de 1870 y 1880, “las ciencias“ y “la religión“ fueron vistas en aumento como completamente autónomas y divergentes.

Esta visión se exacerbó con la publicación (originalmente en América) de dos libros que afirmaban demostrar cómo la teología y/o la religión habían reiteradamente constreñido a las ciencias a lo largo de la historia:Historia del conflicto entre la religión y la ciencia (History of the Conflict between Religion and Science, 1875) de John Draper y La guerra de la ciencia con la teología en la Cristiandad (1876; texto) de Andrew White (expandido como La historia de la guerra . . . en 1896 (The History of the Warfare . . . (texto). Aunque el mito del conflicto entre la ciencia y la religión estaba por aquel entonces bien arraigado, y pocos clérigos habían intentado mantener una reputación como científicos expertos, debe destacarse que muchos individuos continuaron teniendo una fe Cristiana y que participaron en las ciencias. James Clerk Maxwell es uno de los ejemplos más obvios.

Entretanto, en la arena popular, existía mayor variedad en la relación entre la ciencia y la religión. Aunque algunos escritores y editores presentaron las ciencias secularmente, como les habría gustado a Huxley y a Tyndall, no llegaron a poseer un monopolio. Los editores con credenciales religiosas explícitas siguieron publicando obras populares científicas hasta bien entrado el final de siglo y estas obras compitieron en el mercado con las versiones seculares. A pesar de que se sacó mucho partido de la crisis de fe Victoriana de mediados de siglo, quizá motivada por las ciencias, esto parece haber sido un rasgo de una clase determinada de intelectuales y no una descripción exacta de la mayoría de la sociedad (especialmente de la sociedad de clase media), que retuvo una fe religiosa mucho después que la mayor parte de los científicos expertos.

Lecturas avanzadas

Desmond, Adrian, 'Artisan Resistance and Evolution in Britain, 1819-1848', Osiris, 2nd series, 1987, 3, pp.77-110.

Fyfe, Aileen. 'The reception of William Paley's Natural Theology in the University of Cambridge', British Journal for the History of Science, 1997, 30, 321-35.

Jacyna, L.S. 'Immanence or Transcendence: Theories of Life and Organization in Britain 1790-1835', Isis, 74, 1983, pp. 311-29.

Moore, Jim. The Post-Darwinian Controversies: A Study of the Protestant Struggles to Come to Terms with Darwin in Great Britain and America 1870-1900. Cambridge, 1979.

Turner, Frank. Between science and religion: the reaction to scientific naturalism in late Victorian England, 1974.

Young, R.M. 'Malthus and the Evolutionists: The Common Context of Biological & Social theory' in Darwin's Metaphor: Nature's Place in Victorian Culture (texto). 1985.

Science and Religion (at infidels.org)

Victorian Geology in the Victorian Web

Townsend, L. T., The Bible and other ancient literature in the nineteenth century. 1889.

Paley,William. Natural Theology; or, Evidences of the Existence and Attributes of the Deity (1802).


Victorian Overview Ciencia

Modificado por última vez el 11 de junio de 2002; traducido diciembre 2 abril 2010